sábado, 8 de febrero de 2014

Patéticas amistades.

Las mujeres sabemos alcanzar niveles de patetismo inimaginables, insospechados, sorprendentes, realmente inesperados... y uno podría decir que un par de verdaderas estupideces en la vida son bastante necesarias, ¿cómo se supone que uno aprenda sí no?
De entre las tonterías que hacemos hay de las que uno aprende, de las que uno se ríe y algunas cuantas que te resultan no tan tontas después de todo. Luego viene la cuestión de cuantas necedades tenemos permitidas en esta vida, claro, hay quienes se lo toman en serio (practican y todo) y logran unos cientos de miles. 
Después, viene a relucir que se supone que uno debe aprender de esas idioteces (lease, "se supone"), porque hay de esas estupideces que uno comete como por inercia, incansable y perpetuamente (como quien dice, tropezar con la misma piedra o con otra pero con el mismo comportamiento insensato). Hay otras malas jugadas que uno aprende a hacer y hasta disfruta haciéndolas (esas que se hacen a conciencia y con cabeza fría evaluando posibles resultados). Y esas de las que uno se ríe, después (obviamente), pero en verdad se ríe
Como cuando uno se reúne con sus amigas y empiezan a recordar aquel o aquellos momentos patéticos y empiezan las risas de burla a relucir... y así empieza el concurso, con todas las historias a ver quien se lleva el premio a la peor. ¿Te acuerdas cuando seguimos a ... un sábado por la noche? Ah, sí, ¿y la vez que le mandaste un inbox reclamándole por su amiguita? ¿Qué me dices de cuando te dejo plantada esperándolo aquel ...? Ah, sí y tu deja de reírte, que no se te olvide cuando... Y así se pasa un día y otro, y todas ganan y todas pierden y todas se ríen. 
Pero también hay otras estupideces de las que uno tiene que poner atención y aprender en cabeza ajena. Esas que ayudan a conocer los limites de uno mismo y de sus relaciones, de lo que realmente vales (sea mucho o poco). Hay desastres, reales y patéticos, que no se pueden cometer casi que ninguna vez. 
Porque claro que uno se equivoca, claro que uno es patética, claro que uno la caga sin querer. Pero las amigas, las de verdad, no tienen porque ser imbéciles. No señor, ese es trabajo del resto de las mujeres -las no amigas, las asquerosas y las brujas- que hay en todos lados. 
Porque de eso se trata la amistad, de no fallarle a la otra persona, de hacerle la vida mas llevadera, más feliz. De ser incondicional, segura. Y hay ciertos códigos y reglas que jamas se han escrito pero que uno sabe que existen y nadie se atrevería a quebrar. 
Uno sabe que no debe enredarse con los examores de una amiga, porque, a ver, aunque no lo parezca hay mucho hombre en el mundo (ya se que están escasos, pero si uno se valora y espera, llega uno). Pero los examores de una amiga son prohibidos, claro... hay gustos pasajeros que son negociables, pero los amores, los verdaderos amores: esos que tienen en la frente "expropiedad de..." y en las manos "intocable", esos son prohibidos. Es irrevocable, regla de oro: no meterse con ESE amor. 
Y esa, esa señores, es una estupidez que NO da risa. Y que si uno se reúne con las amigas (sí es que aun le queda alguna), ellas deben ponerse histéricas (regla de plata: defender a tu amiga con las uñas y regla de bronce: no olvidar decir las verdades, crudas y tal cual son), porque eso, eso no se hace. Porque la linea entre hacer un intento por algo que puede valer la pena y perderse a uno mismo en el intento de algo enfermizo es muy finita. Y que se pierda lo que sea, pero nunca, jamas, uno mismo. O una verdadera amistad por un hombre, porque entonces, en el concurso de quien es más patética no te van a poder ganar. Nunca. Nadie, jamas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario