sábado, 10 de mayo de 2014

Mamá.

A lo largo de estos 22 años que me ha tocado vivir, he formado junto con ustedes un universo de posibilidades que han crecido para convertirme en quien soy actualmente. Puedo contarles lo mucho o poco que he vivido a su lado y, aunque para el que guste de escuchar aventuras fantásticas e historias increíbles puede resultar poco interesante lo que tengo que decir, para los oídos de quien quiera escucharlo hay mucho de fantástico en lo que tengo que contar. 
Y, aunque hoy se, que soy la consecuencia inevitable de lo vivido, me gusta pensar que lo que realmente me ha definido es lo bueno que me ha tocado pasar.
Soy prueba y testigo de la vida de una mujer fuerte, inteligente, capaz. De su infinita capacidad de dar amor y sobre todo, de perdonar. Mi mamá es la piedra angular de la vida en familia que conozco, ella me enseñó que el valor de una persona no se mida en consecuencia de su pareja, ni de su dinero, ni de su belleza, se mide por la grandeza de sus acciones. Ella definió para mi la palabra coraje, la palabra convicción y la palabra dignidad. Es el tipo de mujer que ve la belleza en la espina de una rosa y que puede cambiar el mundo con un beso y un consuelo alentador.
Pocas certezas llegan a tu vida a tan corta edad, pero hoy puedo decirles que sí llego a ser la mitad de buena persona, profesionista y mamá, sabré que no solo estoy haciendo un buen trabajo sino que estaré recompensando todos los sacrificios que ella tuvo que hacer alguna vez.
Y en estos 22 años a su lado, el tiempo avanzó sin piedad, corrió como si lo fueran persiguiendo y no le importó si lo estábamos pasando bien o mal. El tiempo tuvo y tiene su propios tiempos y poco o nada le interesan los nuestros. Y entre más avanza, yo más me parezco a mi mamá, no físicamente porque en eso no nos parecemos ni un poquito, pero sí gracias al mismo tiempo que no le ha hecho justicia, no como ella se merece. Y también por las muchas veces que he caído y ella ha estado allí para recoger los pedacitos de mi misma y reconstruirme. Porque ella me enseñó a ser yo. Me enseñó a respetar y valorar mis dudas existenciales, a levantarme con fuerza después de haber caído, a intentar, a fracasar, a entregarme ciegamente a mis locuras, valiente y dispuesta a morir en el intento de mejorar. 
Mi mamá me enseñó las cosas importantes de la vida, las de verdad: a saltar en los charcos, a observar los bichitos, a dar besos de mariposa y abrazos de oso. Pero sobre todo, siempre estuvó allí para hacerme entender que lo único que tengo que hacer en esta vida es ser feliz. Y sonreír. Porque lo único que ella ha hecho en estos 22 años es hacer lo imposible para que yo sea feliz. Y sonría. 
Mi mamá me enseñó a ser yo, y hoy celebro que me enseñará aunque haya sido un poquito a ser como ella. Feliz día mamá. 

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